Si decido que voy. Y vamos, todos a una.
Si decido que no. Que aguanto y me quedo.
Si me encojo, encerrada en mí,
conmigo y con todos los que ya no pueden salir.
Si me miro y ya no veo ni la sombra de lo que era,
envuelta en pena, me repito:
esto no puede ser verdad.
Porque si lo fuera tendría que pensar:
¡Maldita la hora en la que confié en que todo iría bien!
¡Maldita la hora en que pensé: espera un poco más!
Y mientras me miro los pies, negros, helados, rotos de hielo y sed,
me tiemblan las manos cuando te cojo en brazos y no quiero ver
que ya hace dos días que dejaste de ser.
Ahogo el llanto por los que quedan,
confiando en que no noten la rabia que se me apodera,
confiando en que no vean mis neuronas chocando
en el cerebro marchito que me han dejado.
Y quisiera cerrar los ojos y sentir tu tacto,
tus manitas de plumas rozar mi rostro.
Cuando suba ¡y ojalá lo haga pronto! me uniré a tu risa
¡Y volaremos alto!